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El PIB nominal como meta de la política monetaria

Alejandro
López
Martha
Misas
Lunes, 12 Diciembre 1994

La especificación de la función de la demanda por dinero tiene importantes implicaciones para el diseño de la política macroeconómica. En este trabajo se reexaminan varios aspectos de su especificación para Colombia usando series de tiempo trimestrales para el En la actualidad existe un consenso cada vez más unánime entre los economistas sobre dos principios generales de la política monetaria ( Hall Mankiw (1993). El primer principio señala la importancia de establecer con anticipación unas reglas claras de manejo monetario que muestren el compromiso de las autoridades de no crear "sorpresas. De esta manera, el gobierno estará en la capacidad de reducir la inflación esperada y alcanzar un mejor desempeño del producto (Kydland y Prescott (1977).
El segundo principio es que la política monetaria debe buscar estabilizar alguna cantidad nominal. Bajo la influencia de la escuela monetarista, el diseño de la política monetaria en Colombia ha intentado estabilizar el crecimiento de los saldos nominales de dinero. Es así como han proliferado en la literatura económica colombiana un sin número de artículos que hacen énfasis en la necesidad de que la política monetaria controle el efectivo, M1 o agregados monetarios más amplios (véase Clavijo y Gómez (1988), Renteria (1991), Galindo (1993), Toro (1993), Misas y Suescún (1993), para citar tan sólo algunos de los trabajos más recientes). Este tipo de enfoque contrasta con la ausencia de interés en estudiar al PIB nominal como meta intermedia de la política monetaria, los cuales comprensible dado que la evaluación oportuna del cumplimiento de la meta es imposible debido a que las cifras del PIB se producen anualmente y con retraso.
Este trabajo está dividido en 4 partes. La segunda señala las condiciones bajo las cuales es óptimo escoger al PIB nominal como meta intermedia y se destacan las ventajas que ello tendría. La tercera realiza un ejercicio empírico que muestra cómo, entre 1984 y 1992, habría sido posible mantener el PIB nominal cercano a una senda previamente establecida gracias a la autorización de la base monetaria como instrumento. Así, aunque el artículo no propone escoger el PIB nominal como meta intermedia de la política monetaria debido a la ausencia de estadísticas trimestrales sobre el producto, de éste si se desprende la importancia de que las instituciones correspondientes hagan esfuerzos para empezar a producir dichas estadísticas. Al fin a cabo, los recientes interrogantes sobre el uso de M1 o MA como meta intermedia de la política monetaria (Misas et. Al. (1994), hacen indispensable buscar otros agregados que puedan cumplir tal fin. La cuarta sección concluye.